Cuerpo camino

Un compromiso sostenido en el tiempo

Hola!

Bienvenides a este nuevo canal de comunicación ☼


Hoy les quiero contar cómo es que llegó la meditación a mi vida y algunos de los regalos que el compromiso con esta práctica -y conmigo misma- me dieron.

Mi primer acercamiento a la meditación fue hace muchos años en Bariloche, Patagonia argentina. Estaba en un retiro de teatro musical y un compañero nos había propuesto hacer una clase de meditación una mañana. Yo no entendía mucho la verdad. Después de esa sesión, recuerdo haber ido sola a sentarme frente al lago algunas veces. Fijaba la mirada en un punto o cerraba los ojos y ahí me quedaba un buen rato.

Aunque seguía sin entender bien qué hacía ni para qué lo hacía, me gustaba estar sola en en presencia de esa naturaleza imponente que me rodeaba.

En las clases de Hola mi cuerpo que di durante varios años en Buenos Aires terminábamos generalmente sentadas en el piso en posición de meditación integrando el trabajo y agradeciendo al cuerpo en silencio. No era planeado, era un estado al que llegábamos de manera natural después de una hora y media de mover y remover nuestro interior intensamente con la danza y el resto de trabajo físico que hacíamos.

Recuerdo sentir en esos momentos finales de quietud un estado de presencia absoluta, que el cuerpo desaparecía y se fundía con el espacio y que esto era meditación.

Entré en ese mismo estado otras veces, por ejemplo con la ingesta de algunas plantas medicinales. También hubo ocasiones donde usé la meditación como un remedio para el insomnio y la ansiedad. Y funcionaba. Me calmaba notablemente y podía volver a dormir sin problema. Otras veces me ponía a meditar cuando tenía tiempo libre entre una cosa y otra, y a ver qué pasaba.

Hasta acá, todas habían sido experiencias aisladas. Me daban claridad o calma en el momento, pero a la larga yo seguía funcionando igual. Tropezando con las mismas piedras.

A fines del año pasado y principios de este me tocó atravesar una crisis. Estaba, una vez más, confundida. Necesitaba reorientar mi vida. Me había dado cuenta que venía haciendo las cosas repetidamente de una manera y que esa forma ya no me servía. Y la verdad es que no tenía idea qué hacer ni cómo para cambiar eso. Lo que sí tenía claro es que esta vez no se trataba de hacer una terapia. Ni de tomar ninguna planta. Ni de tener una experiencia reveladora x.

Tenía pendiente profundizar en la meditación y descubrir lo que esta práctica sostenida en el tiempo tenía para ofrecerme.

Me propuse practicar diariamente sin seguir ningún dogma o estilo en particular, más bien investigando con la información que tenía sobre cómo hacerlo, mi experiencia al respecto y lo que el cuerpo concretamente me pedía: tiempo y silencio para ir hacia adentro. Aquietarme y vaciarme de tanto ruido para poder reencontrarme con lo esencial.

Sólo necesitaba mi voluntad de hacerlo y el compromiso para sostenerlo. Y por acá también venía la cosa, claro.

Lo más concreto que sentí después de un tiempo fue que desapreció la urgencia. En este caso concreto la de querer resolver o apurar el momento de cambio que estaba atravesando que, por supuesto, era incómodo. (Válido también para la urgencia por llegar a un lugar que no existe, o la de hacer ciertas cosas que nadie nos pide o la de querer que las cosas sean de una forma determinada porque creemos que así y sólo así será adecuado para nosotras.)

Yo no estaba buscando esto en particular. Pero el silencio y el aquietamiento saben y me dieron lo que necesitaba. La urgencia se transformó dando lugar a que algo dentro mío se acomode, se asiente. Empecé a notar una cierta neutralidad frente a los hechos, a volverme una observadora del cambio que estaba teniendo lugar en mí. A sentir más aceptación y menos enojo.

Pude comprobar que desde este lugar de observación lo que no suma pierde peso. Sucede solo. Sin esfuerzo. Y por el contrario, que las virtudes se fortalecen.

Sin duda todo lo que se dice de la meditación es cierto. Es una gran herramienta. Ayuda un montón, en un montón de niveles. Y no tiene contraindicaciones!

Aún así, me resulta difícil definirla. Yo la vivo como un camino personal de búsqueda hacia adentro y desde ahí la comparto.

Creo que cada cuerpo alberga una sabiduría que se va desplegando y la persona va descubriendo en su camino único. Sólo hace falta hacerle lugar, y para esto el silencio ayuda.

También que hay una sabiduría compartida que tiene que ver con el amor, que asimismo se va abriendo, se va mostrando.

Y si bien los problemas van a seguir estando, esta práctica nos regala el estado necesario para observarlos desde afuera y la posibilidad de ubicarnos ante las cosas de otra manera.

 

Si te interesa indagar en la meditación podés unirte al grupo de práctica online donde también comparto herramientas simples y efectivas de auto regulación corporal y energética.

También podés reenviar este correo a alguien si sentís que puede aportarle ✾

Larga vida al silencio y la presencia ✧

Gracias por leer!

PD: los textos quedan guardados en una web donde se pueden dejar comentarios. Te animo a compartir tus impresiones, experiencias, inquietudes o lo que tengas ganas!

 

Reply

or to participate.