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Retiro de silencio
Lo que es de una, vuelve
Hola!
A vos y a tu cuerpo que leen desde el otro lado ☼
Hoy les cuento algunas cosas que descubrí luego de hacer por mi cuenta un retiro de dos días de silencio.
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Sobre decidir hacer una cosa u otra
Investigando un poco más sobre la meditación, llegué, por internet y por esas causalidades de la vida, a un templo budista en el norte de Tailandia donde enseñan esta práctica con retiros de silencio de 12 o 21 días. Es la meditación Vipassana de la que varias veces había oído a hablar y que se enseña en muchas partes al rededor del mundo.
Mi cuerpo y mi mente se sentían atraídos por hacer esta experiencia. O, más bien, por lo que creían que esta experiencia ‘arreglaría’ en mi supuesto interior roto.
No todos los días una tiene el dinero y el tiempo para tomarse un avión e irse a Tailandia a que le enseñen estas cosas. Así que, motivada por la misma meditación, esa que vengo practicando y sosteniendo hace meses por mi cuenta y la que me hizo frenar un poco los impulsos urgentes por los que me había manejado gran parte de mi vida, me propuse empezar por casa y por dos días.
Pasar de 1 hora de meditación diaria a 21 días de silencio me parecía demasiado. Y aunque en otros momentos vivir experiencias intensas de contraste me había servido para entrar en nuevas dimensiones de mí misma, hoy me decanto más por lo suave, lo que se revela poco a poco y por lo que está a mi alcance.
Dice Pablo d’Ors en su libro ‘La biografía del silencio’ que antes de empezar a practicar meditación él era una persona que necesitaba tener experiencias (viajes, lecturas, salidas, entretenimiento, etc) para sentirse vivo y ‘estaba convencido de que cuantas más experiencias tuviera y cuanto más intensas y fulgurantes fueran, más pronto y mejor llegaría a ser una persona en plenitud’. Luego de esa ‘iniciación a la realidad’ que le dio la meditación, se dio cuenta de que esto no era así y que ‘las experiencias, si vive uno para coleccionarlas, nos zarandean, nos ofrecen horizontes utópicos, nos emborrachan y confunden…’ Y llega a la conclusión de que ‘el alma humana sólo se alimenta si el ritmo de lo que se le brinda es pausado’.
Los tiempos del cuerpo también son lentos. Esto es fácil de decir, pero toma tiempo, como la misma frase lo indica, hasta que su significado se hace cuerpo realmente y una puede descansar en él.
Esto vale para entender que digerir un montón de información a la vez es difícil y que darse (y darle al cuerpo) espacios de introspección y descanso es necesario en tiempos de ajetreo diario e incesantes búsquedas varias.
Hay que tener un músculo entrenado para percibir y discernir entre las cosas que creemos querer o necesitar y las que realmente queremos o necesitamos. ¿Qué está a nuestro alcance realmente? ¿Qué se presenta como una ilusión?
Elegir entre una u otra hará la diferencia y nos permitirá ir andando el camino con corazón y con coherencia. Esto a la larga conduce a la calma y construye una confianza que nada ni nadie puede poner en duda.
En ese mismo libro d’Ors también habla de la necesidad de abandonar tantas búsquedas, y que en el mejor de los casos ‘una búsqueda auténtica acaba por remitirnos a dónde estábamos’.
La meditación y el silencio hacen eso. Te traen de nuevo a casa, a vos.
Todo lo que es de una, vuelve
Todo donde una es, vuelve
Si una lo deja.
Si permitimos que las cosas que nos son, nos sean
Si permitimos,
Somos a través de ellas
Desde que medito
He vuelto a la que ya era
Pero con la intención de quedarme
De serme siempre
Y permanecer ahí
En la Verdad siempre
El retiro de dos días
Entonces, sin tomar ningún avión ni moverme de casa, hice mi propio retiro para profundizar en la práctica. Dos días al modo Vipassana, sin celular, sin escribir, sin hablar ni hacer ejercicio, sin nada más que sentarme y respirar.
Fue sutil e intenso a la vez. Al final del primer día atravesé un momento de angustia. No entendía por qué estaba haciendo esto, lo sentía como un castigo autoimpuesto, quería mi libertad de nuevo! Pero cuando terminé el segundo día experimenté una hermosa claridad que vino acompañada por la energía y dirección de mis próximos movimientos.
Al día siguiente me levanté y puse en orden varios proyectos creativos que tenía empezados hace tiempo y se habían quedado estancados. Proyectos a los que había dedicado mucho trabajo y energía con real entusiasmo y corazón y que estaba a punto de abandonar porque no sabía cómo darles cause y compartirlos.
Evidentemente el silencio despejó el terreno y las ideas se acomodaron. Todo ya esta ahí, dentro nuestro. Pero vivimos inmersas e inmersos en tantos estímulos que cuesta discernir. Nos confundimos y aturdimos. Entonces parar y silenciarse se vuelve un contrapunto necesario para recuperar la claridad.
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Gracias por leer!
Vix
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